Parte 2: El legado de Eleanor, la confesión en la oficina y el verdadero valor de un corazón humano.

Quería demostrarme a mí mismo que todavía podía elegir quién deseaba ser.

Clara permaneció a mi lado durante aquel proceso, aunque nunca intentó decidir por mí. Me recordaba que cambiar no significaba borrar los errores del pasado, sino dejar de repetirlos.

Con el tiempo, la mansión también cambió.

Las habitaciones que antes parecían frías y vacías comenzaron a llenarse de música, conversaciones y risas. Abrimos las ventanas durante las mañanas soleadas y dejamos que el aroma de las flores del jardín llegara hasta los pasillos.

En el antiguo despacho de mi padre, donde durante años se habían tomado decisiones capaces de destruir familias enteras, instalé una pequeña biblioteca.

Conservé el escritorio de madera oscura y el viejo reloj de pared, pero retiré los documentos que habían alimentado nuestras guerras.

Sobre una de las estanterías coloqué una fotografía de mi madre.

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