Y los adultos deben querer saberlo.
Anna dio un paso.
Después otro.
Fue entonces cuando escuchó un movimiento detrás de ella.
Se detuvo.
El cuero del sofá se crujió ligeramente.
Dante había comenzado a moverse.
Su cabeza ya no descansaba exactamente en la misma posición.
El libro de cuentas se desplazó sobre su pecho.
Anna sintió un miedo inmediato.
Si Dante se despertaba, tendría que explicar por qué ella y su hija estaban tan cerca.
Y quizás Sophie volvería a hablar del insecto.
La empleada presionó suavemente a la niña contra su cuerpo.
Quiso continuar hacia la puerta.
Pero ya era tarde.
Los ojos de Dante Moretti se abrieron de golpe.
No despertó lentamente.
Su reacción fue inmediata.
Era la de un hombre acostumbrado a reconocer el peligro antes de comprenderlo por completo.
Durante un instante su mirada pareció recorrer la habitación.