—Me enamoré de ti mucho antes de aquella noche —continuó—. Quise convencerme de que era mejor mantenerme lejos. Después murió Yuze y todo cambió. Sentía que debía protegerte, aunque no sabía cómo hacerlo sin imponerte mis propias decisiones.
—No necesitaba que decidieran por mí.
—Ahora lo entiendo.
Se hizo un silencio.
Entonces saqué la tarjeta que Lin Wan me había entregado.
Yuanci abrió mucho los ojos.
—¿Dónde encontraste eso?
—Lin Wan me la dio.
Se llevó una mano a la frente.
—Dios mío…
—¿De verdad pensabas declararte?
Asintió lentamente.
—Aquella noche.
—¿Y las flores?
—Estaban en mi coche.
—¿Y el regalo?
Su mirada se desplazó hacia el cajón de la cocina.
Lo abrió y sacó una pequeña caja de terciopelo azul.
Dentro había un delicado collar con un colgante en forma de estrella.
—Lo compré porque siempre dices que te gustan las noches despejadas —murmuró—. Pensaba invitarte a cenar después de la celebración.