Y hasta aquella noche, yo había creído que conocía todas las historias importantes de su vida.
Cuando los agentes terminaron de comprobar que mi madre estaba a salvo, me permitieron acompañarla mientras continuaban las averiguaciones.
Daniel estaba sentado en la sala de estar, vigilado por uno de ellos.
Ya no parecía el joven encantador en quien todos confiaban.
Tenía la mandíbula tensa y los ojos fijos en el suelo.
—Quiero saber qué había en esa bolsa —le dije.
No contestó.
Mi madre me apretó la mano.
—Es instrumental médico —susurró.
Me volví hacia ella.
—¿Instrumental médico?
Asintió lentamente.
Entonces me contó la verdad.
Durante las últimas semanas, Daniel había estado utilizando la casa de mi madre para realizar procedimientos médicos clandestinos. Había comprado material sanitario y medicamentos, y los guardaba en aquella bolsa negra. Le había dicho a Evelyn que estaba ayudando a personas que no podían pagar una clínica privada.