El procedimiento judicial seguiría su curso y cada acusado tendría derecho a defenderse.
Yo no celebré aquella noticia como una victoria.
Sabía que un proceso legal no podía borrar lo que Maya había vivido.
Pero sí significaba que las acusaciones estaban siendo examinadas fuera del control de la familia Whitmore.
Y eso importaba.
Una mañana, Maya me acompañó a caminar por un parque cercano.
Los árboles comenzaban a cambiar de color.
Había familias paseando con niños y personas corriendo por los senderos.
Nos sentamos en un banco junto a un pequeño lago.
Mi hija permaneció en silencio durante varios minutos.
Después dijo:
—Durante mucho tiempo pensé que nadie me creería.
La miré.
—¿Por qué?
—Porque ellos tenían dinero. Porque conocían a todo el mundo. Porque Julian siempre sabía cómo parecer encantador delante de los demás.