Maya comenzó a llorar.
—Pensé que si hacía todo lo que querían, dejarían de enfadarse conmigo.
Le tomé las manos.
—No puedes construir una relación sana sacrificando tu libertad para evitar la ira de otra persona.
Se quedó en silencio.
Después asintió lentamente.
Aquella conversación fue una de muchas.
No hubo una recuperación milagrosa.
Hubo días buenos.
Días difíciles.
Y pequeños avances que, desde fuera, quizá no parecían importantes.
La primera vez que Maya salió sola a comprar flores.
La primera vez que llamó a una amiga sin mirar constantemente hacia la puerta.
La primera vez que volvió a abrir su computadora para trabajar en un proyecto de diseño.
Cada uno de aquellos momentos significaba que estaba recuperando una parte de sí misma.
Mientras tanto, la investigación avanzaba.
Las autoridades reunieron declaraciones, documentación médica y otros elementos de prueba.