Me tapé la boca.
Seguí leyendo.
Sé que lo que dije en el tribunal te hizo daño. No quería que pensaras que no eres suficiente para mí. Eres la persona que más quiero en el mundo.
Pero papá lleva meses intentando conseguir algo del abuelo. Cree que, si obtiene mi custodia y me lleva fuera del país, podrá controlar el dinero que me corresponde.
Sentí que el aire se me escapaba de los pulmones.
La carta continuaba.
Hace unos meses encontré unos documentos en su despacho. Estaba buscando mi pasaporte porque me dijo que íbamos a viajar. Entre sus papeles había copias de los documentos del abuelo y varias cartas de sus abogados.
Papá sabía que existía el fideicomiso.
Y sabía que, si yo vivía contigo, no podría convencerme de firmar los documentos que necesita.
Tuve que dejar la carta sobre la mesa.