Daniel me ofreció unos pañuelos y esperó.
La carta continuaba.
He creado este fideicomiso para ti y para los hijos que puedas tener. No quiero que utilices el dinero para demostrar nada a nadie. Quiero que sirva como protección si alguna vez te encuentras en una situación en la que alguien confunda el amor con el control.
Los fondos deben administrarse de manera independiente. Ninguna persona debe obtener acceso simplemente por ser tu pareja, tu esposo o el padre de tus hijos. Los administradores deberán seguir las condiciones legales del fideicomiso y proteger los intereses de los beneficiarios.
Si alguien te dice que no puedes darle un futuro a tu hijo porque no tienes suficiente dinero, recuerda esto: un futuro no se mide por el tamaño de una casa ni por el precio de un colegio. Se mide por la seguridad de poder crecer sin miedo.