Mi Suegra Se Quedó Con Sukara Sueldo, Pero No Sabía De Quién Era La Casa-aurelle

David abrió la boca, pero no encontró respuesta.

Por primera vez, ninguno de los dos tenía una excusa que pudiera utilizar para cambiar de tema.

Aquella noche dormimos en habitaciones separadas.

David pasó horas hablando por teléfono con su madre. Escuché fragmentos de la conversación desde el pasillo: que necesitaba recuperar el dinero, que no podía permitirse perderlo y que no había aceptado un ascenso para terminar endeudado antes de cobrar su primer sueldo.

Evelyn, por su parte, repetía que todo se resolvería cuando él consiguiera la hipoteca.

A la mañana siguiente, David bajó a la cocina con ojeras y una expresión que no le había visto nunca.

Yo estaba preparando café.

—Necesito hablar contigo.

—Te escucho.

Se sentó frente a mí.

—Mi madre dice que la agente inmobiliaria cree que todavía podemos arreglarlo. Si consigo que el banco apruebe el préstamo, ella podrá comprar la casa y yo podré ayudarla con las cuotas.

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