No quería interrumpir aquel momento.
Pero Valentina extendió una mano hacia mí.
—Mateo, ven.
Me acerqué.
Ella tomó mi mano y la colocó sobre la de Nicolás.
Durante unos segundos permanecimos los tres juntos.
No podíamos recuperar los años perdidos.
No podíamos borrar las mentiras ni reparar de golpe todo el daño.
Pero podíamos empezar a construir una historia diferente.
Y eso era suficiente para aquel día.
## 9. El último secreto de Joaquín Serrano
Pensábamos que lo habíamos descubierto todo.
Nos equivocábamos.
Dos meses después, mi padre apareció.
Lo encontraron en una pequeña localidad a varias horas de Guadalajara, donde se había refugiado con ayuda de un antiguo amigo.
Estaba agotado, pero vivo.
Cuando lo vi entrar en el despacho de Verónica, me levanté de inmediato.
—¡Papá!
Lo abracé con tanta fuerza que tuve miedo de hacerle daño.