PARTE 2: EL HOMBRE QUE MI FAMILIA ENTERRÓ EN VIDA Y EL SECRETO DE LOS 32 MILLONES

—No sé si puedo perdonarlo por algo que quizá ni siquiera hizo.

—No tienes que hacerlo.

—Pero quiero conocer la verdad.

Asentí.

—Yo también.

Aquella tarde hablamos durante casi dos horas.

No nos abrazamos inmediatamente.

No fingimos que éramos una familia perfecta.

Simplemente empezamos a conocernos.

Me contó que le gustaba diseñar edificios, que había trabajado para pagar parte de sus estudios y que soñaba con construir viviendas asequibles para familias con pocos recursos.

Cuando me habló de sus planes, recordé algo que mi padre solía decir:

La riqueza no demuestra quién eres. Lo demuestra lo que decides hacer con ella.

Al final del encuentro, Nicolás se puso de pie.

—¿Puedo hacerle una pregunta?

—Todas las que quieras.

—¿Mi madre está viva?

Las lágrimas me llenaron los ojos.

—Sí. Se llama Valentina. Está en un centro de cuidados, pero está viva. Y lleva muchos años intentando encontrarte.

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