PARTE 2: EL HOMBRE QUE MI FAMILIA ENTERRÓ EN VIDA Y EL SECRETO DE LOS 32 MILLONES

Lucía se llevó una mano a la boca.

Joaquín continuó:

—Había una nota. Decía que, si hablaba con las autoridades antes de abandonar la ciudad, tú pagarías las consecuencias.

Me levanté.

—¿Y esperas que crea que desapareciste durante veintidós años para protegerme?

—No te pido que me creas sin pruebas.

Sacó un sobre del bolsillo.

Dentro había una copia de una transferencia bancaria.

Treinta y dos millones de pesos.

Pero la cuenta receptora no estaba a su nombre.

Pertenecía a una sociedad llamada Inversiones Cobalto.

Reconocí inmediatamente aquella empresa.

Había sido uno de nuestros principales proveedores durante años.

—Esto no demuestra quién ordenó la transferencia —dije.

—Lo sé —respondió mi padre—. Por eso seguí buscando.

Lucía intervino.

—Mateo, encontré a Joaquín cuando investigaba unas donaciones sospechosas a la fundación.

La miré.

—¿Y por qué no acudiste a mí?

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