PARTE 2: EL HOMBRE QUE MI FAMILIA ENTERRÓ EN VIDA Y EL SECRETO DE LOS 32 MILLONES

Después de su desaparición, mi madre afirmó que la caja estaba vacía.

Nunca volví a verla.

—Había un almacén bancario en el centro —dije—. Mi padre utilizaba casilleros privados antes de que nuestra empresa tuviera su propia oficina.

Verónica buscó en los documentos que habíamos recibido.

Entre los papeles de la fundación apareció una dirección.

Era la de aquel banco.

Nos dirigimos allí acompañados por los agentes, quienes comenzaron a coordinar las diligencias necesarias para comprobar la procedencia de la llave.

El banco había cambiado de nombre dos veces, pero conservaba parte de sus instalaciones originales.

Un empleado revisó el registro antiguo y nos condujo a una zona de almacenamiento.

El casillero 317 estaba al final de un pasillo.

La llave encajó.

Dentro encontramos una caja de madera, varios sobres y una carpeta azul.

Verónica se puso guantes antes de examinar el contenido.

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