PARTE 2: EL HOMBRE QUE MI FAMILIA ENTERRÓ EN VIDA Y EL SECRETO DE LOS 32 MILLONES

—¿Qué quieres decir?

—La sociedad siguió recibiendo dinero mediante otras empresas. Algunas operaciones son recientes.

Sentí que el corazón se aceleraba.

—¿Cuánto dinero?

—Todavía estamos verificando las cifras. Pero hay una transferencia especialmente preocupante.

—¿A quién?

Verónica respiró profundamente.

—A una entidad vinculada a la residencia donde está tu padre.

Miré hacia la carretera.

—¿Casa Santa Cecilia?

—Sí.

—Eso podría explicar cómo pagaban su estancia.

—Tal vez —respondió—. Pero la transferencia no estaba destinada a cuidados médicos.

Sentí un escalofrío.

—¿Entonces?

—Figura como pago por un servicio de custodia documental.

Me quedé inmóvil.

—¿Qué documentos?

—No lo sabemos todavía. Pero hay una referencia: expediente JS-22.

JS.

Joaquín Serrano.

Veintidós años.

Entonces comprendí que mi padre quizá no había pasado todo aquel tiempo escondido únicamente por miedo.

Podría haber estado custodiando algo.

Algo que Camila, mi madre y Adrián necesitaban recuperar.

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