PARTE 2: LA MULTIMILLONARIA ME OFRECIÓ 85.000 DÓLARES PARA FINGIR SER SU ESPOSO, PERO CUANDO DESCUBRIÓ QUIÉN ERA REALMENTE MI HIJA, ROMPIÓ A LLORAR

Y, sobre todo, mi niña, no pases tu vida intentando demostrar que mereces ser querida.

Ya lo merecías antes de nacer.

Con todo mi amor,

Mamá.

Cuando terminé, Abigail no dijo nada.

Tenía la carta entre las manos y miraba una fotografía de Elena que habíamos colocado sobre la estantería.

Después preguntó:

—Papá, ¿mamá sabía que yo la iba a querer aunque no estuviera aquí?

Sentí que el pecho se me encogía.

—Sí, cariño. Creo que lo sabía.

Abigail se acercó a la fotografía.

—Yo también la quiero.

La abrazó contra su pecho.

Y lloró.

No fue un llanto escandaloso. Fue un llanto pequeño, cansado, de esos que parecen llevar años esperando permiso para salir.

La abracé sin decirle que dejara de llorar.

Porque comprendí que mi tarea no consistía en borrar su tristeza.

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