—Elena, tienes que dejar de buscar a tu madre. No sabes en qué te estás metiendo.
La voz me resultó familiar.
Demasiado familiar.
Darlene levantó la cabeza.
—No puede ser…
La grabación continuó.
—Si entregas esos documentos, perderás todo lo que tienes.
Elena respondió con firmeza:
—No tengo nada que perder. Mi hija tiene un padre que la ama. Eso es más de lo que tú has tenido nunca.
Hubo un golpe.
Después, silencio.
La grabación terminó.
Miré a Richard.
—¿Quién era ese hombre?
El abogado no respondió inmediatamente.
Reprodujo los últimos segundos, aumentó el volumen y examinó los metadatos del archivo.
Finalmente, habló.
—Todavía no puedo certificar la identidad de la persona que aparece en la grabación. Pero hay algo que debemos comprobar.
—¿Qué?
Richard señaló una serie de registros.
—La llamada se realizó desde una línea asociada a una oficina corporativa. La misma oficina desde la que se autorizó la transferencia a la empresa de seguridad.