PARTE 2: LA MULTIMILLONARIA ME OFRECIÓ 85.000 DÓLARES PARA FINGIR SER SU ESPOSO, PERO CUANDO DESCUBRIÓ QUIÉN ERA REALMENTE MI HIJA, ROMPIÓ A LLORAR

—Abigail, cariño, tenemos que irnos a un lugar seguro.

Ella levantó la cabeza.

—¿A casa?

Me quedé callado un instante.

Nuestra casa era pequeña, con muebles usados y una ventana que no cerraba bien durante el invierno. Pero era el único lugar donde mi hija había podido dormir sin miedo desde la muerte de su madre.

—No esta noche, mi amor. Vamos a quedarnos en otro sitio.

Abigail miró a Darlene.

—¿Ella viene con nosotros?

La mujer se llevó una mano al pecho.

—Si tu papá me lo permite.

Mi hija lo pensó seriamente.

Después extendió su pequeño conejo hacia ella.

—Puedes venir. Pero tienes que prometer que no vas a llorar todo el tiempo. Cuando alguien llora mucho, le duele la cabeza.

Darlene soltó una risa rota entre lágrimas.

—Te lo prometo, cariño.

Yo aparté la mirada.

No estaba preparado para ver a mi hija abrazando a una mujer que acababa de descubrir que era su abuela. No porque Darlene me pareciera una mala persona, sino porque cada gesto de Abigail me recordaba todo lo que Elena había perdido.

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