Mi madre se levantó inmediatamente.
Me acerqué al micrófono.
—Gracias a todos por venir. Lamento muchísimo decirles que hoy no habrá boda.
Un murmullo recorrió los bancos.
Seth apareció detrás de mí.
—¡Natalie, basta!
No levanté la voz.
—He descubierto que mi prometido tomó decisiones importantes sobre mi vida sin consultarme. No puedo comenzar un matrimonio así.
Mi madre se acercó y me abrazó.
—Vámonos a casa, cariño.
Por primera vez aquella mañana, pude respirar.
Dos días después regresé al consultorio dental.
El doctor Bennett me recibió con una sonrisa.
—Natalie, ¿sigues interesada en el puesto de gerente?
Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas.
—Más que nunca.
—Entonces felicidades. El puesto es tuyo.
Aquella tarde firmé mi nuevo contrato.
Era el comienzo de una vida que había estado a punto de abandonar sin siquiera saberlo.
Pero Seth no estaba dispuesto a aceptar mi decisión.