Un error en la identificación de unkara bebé en el hospital pone fin a cinco años de profundo dolor.

Había encontrado un documento que no figuraba en el expediente oficial de adopción.

Era una carta firmada por Margaret Lewis y dirigida a un médico del hospital.

La carta mencionaba mi nombre.

Y terminaba con una frase que me hizo sentir un frío insoportable:

«La madre biológica no debe recibir información sobre el traslado. La familia receptora ha sido seleccionada y el procedimiento debe mantenerse fuera del registro ordinario».

La familia receptora.

No sabía qué significaba aquello.

Pero sí sabía que alguien había tomado decisiones sobre mi hija mientras yo estaba incapacitada, sin mi consentimiento y sin darme la oportunidad de despedirme.

La abogada nos pidió que fuéramos a su despacho esa misma tarde.

Allí nos mostró los registros originales que había conseguido recuperar. Entre ellos había una hoja con una anotación manuscrita: la niña había sido trasladada a una institución privada por orden de una persona cuya identidad aparecía parcialmente tachada.

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