Era Daniel Mercer, el abogado corporativo de mi empresa.
Se sentó frente a mí con expresión grave.
—Elena, tenemos que revisar algo relacionado con el accidente de Maya.
Sentí que el corazón se me detenía.
—¿Qué ocurre?
Daniel abrió una carpeta.
—La empresa propietaria del camión que chocó contra tu automóvil tiene vínculos comerciales con una sociedad controlada por Victor Hale.
Me quedé completamente inmóvil.
—¿Estás diciendo que el accidente fue provocado?
Daniel negó lentamente.
—No tenemos pruebas de eso. Podría ser una coincidencia. Pero considero importante que los investigadores conozcan esta conexión.
Sentí un frío insoportable.
—Entonces entrégales todo.
Aquella tarde, el médico volvió a examinar a Maya.
Le pidió que intentara mover los dedos de los pies.
Mi hija cerró los ojos con fuerza.
Durante unos segundos no ocurrió nada.
Después…
Su dedo gordo se movió ligeramente.