Se abrió una investigación externa.
Alejandro quedó apartado de cualquier decisión relacionada con ella.
Mientras tanto, Ricardo Mendoza descubrió lo ocurrido.
Invitó a su hijo a cenar y apareció acompañado de Camila, su antigua prometida.
—Ella sí pertenece a nuestro mundo —insistió Ricardo.
Alejandro rechazó aquella manipulación.
—No quiero recuperar mi pasado. Estoy enamorado de Valeria.
Su padre apretó los labios.
—Una trabajadora con una hija ajena terminará costándote tu empresa.
—Entonces tendré que demostrar que soy capaz de dirigirla sin sacrificar a la mujer que amo.
Ricardo no respondió.
A la mañana siguiente, mientras Valeria bajaba del camión frente a la construcción, un automóvil negro se detuvo junto a ella.
Un chofer abrió la puerta.
—Señorita López, don Ricardo Mendoza quisiera hablar con usted.
Valeria aceptó acompañarlo a la cafetería de enfrente.
Diez minutos después, Ricardo colocó sobre la mesa un cheque firmado por dos millones de pesos.