PARTE 2 — LA ÚLTIMA CARTA

Y una deuda que, según los registros, jamás había sido liquidada.

—Con esto podemos detenerlo —susurré.

Mateo me miró.

Por primera vez desde la muerte de Amalia, vi esperanza en sus ojos.

—Lucía, no sé qué habría hecho sin ti.

Sentí que mis mejillas ardían.

—Probablemente habrías encontrado los documentos tarde o temprano.

Él sonrió tristemente.

—No hablo de los documentos.

El silencio que siguió fue distinto.

Más profundo.

Mateo levantó lentamente una mano, pero antes de tocar mi mejilla, escuchamos cascos acercándose por el camino.

Era Julián.

Mi prometido.

Bajó del caballo con expresión preocupada.

—Lucía, necesito hablar contigo.

Mateo retrocedió inmediatamente.

Julián nos observó a ambos.

Después sacó una carta de su chaqueta.

—Mi padre ha adelantado la fecha de la boda.

Sentí un escalofrío.

—¿Qué?

—Quiere que nos casemos dentro de dos semanas.

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