«Pendiente de confirmación de la propietaria».
No era un contrato firmado.
No era una autorización válida por sí misma.
Pero explicaba por qué Mark se había atrevido a presentarse allí.
Alguien había preparado un documento que hacía parecer que yo estaba de acuerdo.
Y alguien se lo había entregado.
Llamé a Patricia.
Esta vez no intenté disimular mi enfado.
—¿Qué es esta declaración?
Hubo un silencio al otro lado.
—No quería que lo descubrieras así —susurró.
—¿Descubrir qué?
—Mark me dijo que, durante el divorcio, tú habías prometido ayudarlo a encontrar una vivienda. Me pidió que preparara un documento para dejar constancia de un acuerdo provisional. Yo lo redacté como borrador porque faltaba tu confirmación.
—¿Y por qué está en mis documentos de cierre?
—No debería estarlo. Debió de incluirse por error cuando reuní los archivos.
No sabía si creerla.