PARTE 2: EL VENENO INVISIBLE

—¿Qué es?

—Todavía no podemos identificarlo. Necesitamos que lo analicen.

El técnico señaló una etiqueta parcialmente arrancada.

Había un número de serie.

Y dos iniciales.

M. R.

Malcolm Reeves.

Nathan permaneció inmóvil.

—Quiero que nadie toque nada más hasta que las autoridades documenten lo encontrado.

Entonces su teléfono sonó.

Era el hospital.

El médico de urgencias explicó que los niños estaban estables y que realizarían pruebas para investigar una posible exposición a sustancias del ambiente.

No había todavía un diagnóstico.

Pero Nathan escuchó algo que lo hizo sentarse.

—¿Los dos están despiertos?

Su voz se quebró.

—¿Jacob pidió algo de comer?

Lo vi cubrirse los ojos.

Hacía semanas que sus hijos apenas tenían apetito.

Cuando terminó la llamada, me miró.

—Emily, ¿cómo supiste que debíamos revisar la ventilación?

—Porque trabajé durante cuatro años con niños que sufrían enfermedades relacionadas con condiciones ambientales. Aprendí a prestar atención a lo que cambiaba entre una habitación y otra.

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