Volví a casa después de seis meses fuera por una comisión militar y esperaba que mi esposa corriera a abrazarme.

Llevaba comida. Preguntaba si Laura necesitaba algo. Incluso se ofrecía a acompañarla al banco.

Laura creyó que estaba tratando de ayudar.

Después Mauricio comenzó a aparecer.

Primero pidió quedarse un fin de semana porque supuestamente tenía problemas con el departamento que rentaba.

El fin de semana se convirtió en dos semanas.

Luego llegó con cajas.

—Cuando le pregunté cuándo pensaba irse —me contó Laura—, tu mamá dijo que ésta también era casa de la familia.

Apreté los dientes.

Laura continuó.

Mauricio llevaba años con deudas.

Había intentado varios negocios que no funcionaron. Préstamos, tarjetas, dinero pedido a conocidos.

Yo sabía que tenía problemas.

Lo que nunca imaginé era la magnitud.

—Debía más de un millón de pesos —dijo Laura.

La miré sorprendido.

—¿Un millón?

—Eso fue lo que escuché.

Ahí estaba el motivo.

Nuestra casa tenía valor.

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