Teresa miró a su hijo.
—¿Qué hiciste?
Mauricio explotó.
—¡Lo que tú me pediste!
—¡Yo nunca te pedí eso!
—¡Tú dijiste que Andrés jamás revisaba los papeles!
Laura apareció en el pasillo.
Durante meses había bajado la cabeza frente a ellos.
Esta vez no.
Caminó hasta la sala y dejó su teléfono sobre la mesa.
—Sigan hablando.
Mauricio se quedó inmóvil.
La pantalla mostraba una grabación activa.
—Apaga eso.
Laura lo miró directamente.
—No.
—¡Te dije que lo apagues!
Dio un paso hacia ella.
Yo me interpuse.
—Ni un paso más.
Mauricio se detuvo.
Ya no era el hombre arrogante que bebía mi cerveza y usaba mi ropa.
Era alguien que acababa de darse cuenta de que cada mentira comenzaba a cerrarse sobre él.
Mi mamá empezó a llorar.
—Andrés, podemos arreglarlo entre nosotros.
—Eso intentó Laura durante meses.
—Soy tu madre.