—Tenemos que hablar —dijo.
Me senté frente a ella.
—Habla.
—Laura te está llenando la cabeza de mentiras.
—¿Cuáles?
—Todo.
—¿También es mentira que Mauricio tiene deudas?
Se quedó callada.
—¿También es mentira que Federico recibió dinero?
Sus labios se tensaron.
—¿También es mentira el terreno de Juriquilla?
Su cara cambió.
Ahí supe que había acertado.
—Hice lo necesario por esta familia —dijo.
—Laura es mi familia.
—Mauricio es tu hermano.
—Eso no le da derecho a quedarse con lo mío.
Mi mamá golpeó el brazo del sillón.
—¡Tu hermano iba a perderlo todo!
—Entonces debía hacerse responsable.
—¡Tú siempre has tenido más!
La miré incrédulo.
—¿Más qué?
—Más oportunidades. Más disciplina. Más suerte. Tu padre siempre confiaba en ti.
Finalmente entendí.
No era solamente dinero.
Eran años de resentimiento.
Mi madre llevaba tanto tiempo justificando a Mauricio que había terminado creyendo que quitarme algo a mí era simplemente equilibrar las cosas.