El hombre que bajaba las escaleras era Roberto Ramírez, el padre de Daniel.

—Lo recuerdo —dije.

—Yo le aconsejé que no tomara decisiones precipitadas. Pero mi padre, el abuelo de Daniel, intervino. La familia estaba atravesando problemas económicos y él creía que un escándalo podía perjudicar nuestros negocios.

Fruncí el ceño.

—¿Qué tienen que ver mis hijos con sus negocios?

Roberto apretó los labios.

—Mucho más de lo que imaginas. Tu abuelo político había arreglado que Daniel se casara con una mujer de una familia muy influyente. Tú nunca le gustaste porque pensaba que no pertenecías a nuestro círculo social.

Miré a Daniel.

Él parecía escuchar aquello por primera vez.

—Papá, eso no puede ser. Yo nunca acepté casarme con nadie.

—No llegaste a aceptar nada porque Mariana apareció embarazada y todo se complicó. Tu abuelo pensó que, si te convencía de que el niño no era tuyo, terminarías la relación y seguirías adelante.

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