Finalmente respondió:
—Pensé que podría reponerlo.
—¿Durante veintiséis años?
Bajó la mirada.
Entonces Delphine se levantó.
—Harlon, me dijiste que Coraline no había dejado nada.
—No empieces.
—¡Me dijiste que Marlo era una carga económica!
Brindle dejó caer los papeles sobre la mesa.
—Yo me burlaba de ella porque tú decías que era irresponsable.
La miré.
—Y nunca te molestaste en comprobarlo.
Mi hermanastra comenzó a llorar.
—No lo sabía.
—Puede ser. Pero sí sabías que me estabas humillando en el aeropuerto.
No respondió.
Aquella noche terminó sin música.
Mi padre abandonó la casa antes del pastel.
Delphine se marchó por separado.
Brindle se quedó sentada en el jardín, llorando frente a su teléfono apagado.
Cuando los invitados se fueron, mi abuela me pidió que la acompañara a su estudio.
Allí había una fotografía de Coraline sosteniéndome cuando yo era bebé.