—Me dijeron un fin de semana.
—Lo sé.
—¿Y después?
—Después nos fuimos más lejos. El negocio empezó a consumir todo nuestro tiempo. Brianna estaba con nosotros. Cada vez que hablábamos de ir por ti, surgía otro problema.
Lo miré.
—Diecisiete años de problemas.
Se cubrió la cara.
—No tengo una explicación que lo haga aceptable.
—No.
—Tu abuelo me llamó muchas veces.
Aquello me sorprendió.
—¿Contestabas?
—Al principio sí.
—¿Qué te decía?
—Que necesitabas a tus padres.
Sentí que me ardían los ojos.
—¿Y tú?
—Le decía que pronto volveríamos.
—Pero no volvieron.
—No.
Hubo un silencio largo.
—¿Por qué apareciste con un camión?
Papá se quedó mirando su café.
—Margaret me dijo que tu abuelo había dejado la casa para nosotros. Que necesitábamos tomar posesión rápidamente antes de que hubiera problemas.
—¿Y nunca preguntaste si yo tenía dónde vivir?