PARTE 2: LA FIRMA QUE NUNCA PUSE – BOGHTAT

No significaba que Santiago hubiera conseguido acceso a todo mi patrimonio. Tampoco demostraba, por sí solo, quién había preparado o firmado el documento.

Pero era suficiente para que mi abogada recomendara bloquear cualquier modificación pendiente, cambiar mis credenciales bancarias y solicitar una investigación formal.

Hicimos todo eso.

También pedimos a la institución financiera que preservara los registros pertinentes.

Dos días después, Patricia me llamó.

—Elena, encontramos algo que debes saber.

Me senté en el sofá.

—Dime.

—El expediente contiene una copia de una autorización que aparentemente se utilizó como antecedente para tramitar el fideicomiso. La procedencia de esa autorización todavía debe verificarse, pero hay una persona que figura como contacto principal.

Cerré los ojos.

Ya sabía el nombre.

—Santiago.

—Sí.

No lloré. Tampoco grité.

Solo sentí una tristeza tan profunda que durante unos segundos no pude hablar.

Mi hijo había tenido acceso a documentos familiares durante años. Yo le había confiado papeles, claves temporales y copias de identificaciones cuando necesitaba ayudarme con trámites.

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