PARTE 2: LA FIRMA QUE NUNCA PUSE – BOGHTAT

Una tarde de domingo, Emilia llegó con su padre.

Santiago había avisado por mensaje y yo acepté recibirlos, con la condición de que no hablaríamos de dinero durante la visita.

La niña corrió a abrazarme.

—Abuela, te hice un dibujo.

Era una casa con un jardín, tres flores y un árbol enorme. En una ventana había una figura pequeña con el pelo blanco.

—Esta eres tú —me explicó—. Y esta soy yo, porque quiero venir a verte siempre.

Se me llenaron los ojos de lágrimas.

—Es precioso, mi amor.

Santiago permanecía junto a la puerta.

Cuando Emilia salió al jardín para recoger unas hojas, él se acercó.

—Mamá, sé que no puedes confiar en mí ahora.

No respondí.

—No espero que me perdones hoy. Solo quiero que sepas que estoy buscando la manera de reparar el daño que hice.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *