Aquel hombre podía comprar su rancho veinte veces.
Sin embargo, estaba de pie en su pequeña cocina, esperando que ella decidiera si podía seguir compartiendo su mesa.
—Por ahora —dijo finalmente—, vas a terminar de explicarme todo. Después veremos qué hacemos con nuestro matrimonio.
Daniel asintió.
Por primera vez desde que había llegado al rancho, parecía comprender que el dinero no podía resolver el problema que él mismo había creado.
La confianza no se compraba.
Y Mariana no estaba dispuesta a regalarla.
2. La tormenta que puso a prueba al millonario
El jinete se llamaba Tomás Vega.
Había trabajado para Daniel durante casi doce años y, según explicó, había recorrido tres condados para encontrarlo.
—Su tío ha estado diciendo que usted está enfermo y que no puede dirigir la compañía —contó Tomás mientras cenaban—. Algunos socios quieren que firme los documentos para que el señor Esteban asuma el control permanente.