—Entra en la casa —le dijo.
Daniel obedeció.
—Tú no —añadió, mirando al jinete—. Necesito hablar con mi esposo a solas.
El hombre asintió y se retiró hacia el establo.
Cuando la puerta se cerró, Mariana se volvió hacia Daniel.
—Quiero la verdad. Toda la verdad. Y no vuelvas a decirme que eres un hombre sin dinero.
Daniel dejó la regla sobre la mesa.
—De acuerdo.
Pero antes de que pudiera empezar, Mariana le hizo una pregunta que ninguno de los dos esperaba.
—¿Te casaste conmigo porque necesitabas esconderte?
Daniel palideció.
Y esa reacción le dolió a Mariana mucho más que la noticia de su fortuna.
1. El hombre que huyó de su propia vida
Daniel se sentó frente a ella.
Durante un momento pareció el mismo hombre que había llegado al rancho cuatro semanas antes: cansado, silencioso y acostumbrado a resolver los problemas con las manos.