El Hombre Sin Nada Que Podía Comprar Veinte Veces El Rancho De Mariana-lbsuong

Mariana asintió.

—¿Y tú?

Daniel tardó en contestar.

—Yo tengo que aprender a dirigir el negocio sin repetir sus errores.

Se sentaron junto al fuego.

Después de cenar, Daniel colocó una pequeña bolsa de monedas sobre la mesa.

Mariana la miró.

—¿Qué es eso?

—El dinero que te debo por la comida, el alojamiento y el trabajo que hice mientras estuve aquí.

Ella frunció el ceño.

—No trabajaste para mí por un salario.

—Lo sé. Pero quiero que tengas la oportunidad de decidir qué hacer con tu parte de nuestro acuerdo.

—¿Qué parte?

—El rancho. Tu rancho.

Mariana se quedó inmóvil.

Daniel continuó:

—No quiero comprarlo. Tampoco quiero que renuncies a él por estar casada conmigo. Pero he hablado con un agrónomo y con un hombre que conoce muy bien los mercados de ganado. Creo que podríamos mejorar las pasturas, reparar el granero y aumentar el número de animales poco a poco.

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