Mariana observó los documentos sobre la mesa.
Pensó en la deuda que todavía pesaba sobre sus hombros, en las once vacas y en el granero que necesitaba reparaciones.
Pensó también en la casa donde su madre podía descansar sin miedo a que faltara leña.
—No quiero que me compres un futuro —dijo.
—No lo haré.
—Quiero que construyamos uno.
Daniel se quedó inmóvil.
Luego asintió.
—Eso es exactamente lo que quiero.
Y, por primera vez, Mariana le creyó lo suficiente como para dejar que tomara su mano.
6. El lunes en que Daniel regresó a su mundo
El lunes por la mañana, Daniel partió hacia la ciudad con Tomás.
Llevaba la caja metálica, copias de las cuentas y las cartas que había recuperado.
Mariana se quedó en el rancho con Adela.
No quería acompañarlo a la reunión.
No porque no le importara lo que ocurriera, sino porque aquella era una batalla que Daniel tenía que librar por sí mismo.