El silencio se extendió por el patio.
Finalmente, Esteban dejó el sobre sobre una caja.
—Tienes hasta el lunes para regresar. Después de eso, los socios tendrán que tomar decisiones sin ti.
—Perfecto —respondió Daniel—. El lunes estaré allí.
Esteban pareció sorprendido.
—¿De verdad?
—Sí. Pero no firmaré tus documentos. Llevaré los míos.
El hombre volvió a mirar a Mariana, como si intentara comprender qué había cambiado en su sobrino.
Después subió a la carreta y se marchó.
Mariana esperó hasta que desapareció por el camino.
—¿Tienes pruebas contra él?
Daniel asintió.
—Algunas. Pero necesito encontrar los registros que perdí cuando volqué.
—¿Dónde estaban?
—En una caja metálica. Contenía copias de las escrituras, las cuentas y varias cartas. Si la corriente no se la llevó, podría seguir cerca del arroyo, al norte.
Mariana miró la nieve.
—Entonces iremos a buscarla cuando sea seguro.