—Veo que no has recogido mis cosas.
—Todavía no.
—Valeria, necesito que firmes el divorcio. Daniela y yo queremos casarnos pronto.
La sinceridad de su crueldad me sorprendió.
—¿Tan pronto?
—No quiero seguir viviendo en el pasado.
Me senté frente a él.
—Entonces responde una pregunta. ¿Alguna vez pensaste en agradecerme antes de entregarme esos papeles?
Santiago suspiró.
—Ya hemos hablado de esto.
—No. Tú me entregaste un sobre y te fuiste. Eso no es hablar.
Se pasó una mano por el cabello.
—Sabía que te iba a doler.
—¿Y eso es todo lo que tienes que decir?
—¿Qué esperas que haga? ¿Que siga contigo por lástima? Ya no te amo, Valeria.
Aquellas palabras me dolieron.
Pero ya no me destruyeron.
—No esperaba que te quedaras por lástima —respondí—. Esperaba que fueras honesto antes de aceptar todo lo que hice por ti.
Santiago se levantó.
—¡Yo nunca te pedí que dejaras Medicina!