Lo abracé.
—Exactamente.
—¿Crees que algún día podremos estar bien?
Le acaricié el cabello.
—Creo que podemos estar bien nosotros, Noah. Y si tu papá aprende a hacer las cosas de otra manera, quizá también puedan construir una relación. Pero no tienes que esperar a que eso ocurra para ser feliz.
Mi hijo sonrió.
Después salió corriendo al jardín para jugar con sus amigos.
Me quedé observándolo desde la puerta.
Y comprendí algo que había tardado demasiado en aprender.
Durante mucho tiempo había pensado que mi mayor fracaso había sido no conseguir que mi matrimonio funcionara.
Después creí que mi mayor victoria sería demostrar que Julian estaba equivocado.
Pero ninguna de esas cosas definía mi vida.
Mi verdadera victoria era ver a mi hijo crecer sabiendo que no tenía que ganarse el amor de nadie, que podía decir la verdad sin sentir vergüenza y que los errores de su padre no determinaban su futuro.