—Señora Laura, necesitamos hablar sobre una situación relacionada con su hija.
Mi corazón volvió a acelerarse.
Fui inmediatamente.
La maestra de Camila estaba allí.
También la orientadora escolar.
Sobre el escritorio había un cuaderno.
—Encontramos esto hace aproximadamente un mes —explicó la maestra—. Camila lo dejó en el salón.
Era su cuaderno personal.
Me lo entregaron.
Las primeras páginas eran dibujos, frases, tareas.
Después comenzaron las fechas.
“Abuela dice que mamá nos va a dejar sin casa.”
“Papá dice que si hablo, será mi culpa.”
“Abuela quiere que mamá firme.”
Y una frase me destrozó:
“Quiero contarle a mamá, pero papá dice que ella me va a odiar si pierde la casa.”
Tuve que cerrar el cuaderno.
La orientadora habló con mucha delicadeza.
—Camila llevaba semanas mostrando ansiedad. Nosotros intentamos comunicarnos con el número registrado como contacto secundario.
—¿Cuál número?