—¿Por qué me están llamando del banco?
Yo me quedé en silencio.
Porque durante tres años yo no solo había pagado reparaciones.
También había estado cubriendo una obligación mensual que ellos daban por hecho que seguiría pagando para siempre.
Mi madre contestó la llamada.
Su cara cambió casi de inmediato.
—¿Cómo que el pago no fue recibido?
Me miró.
—Mariana… ¿qué hiciste?
En ese momento apareció en la pantalla otra llamada.
Esta vez era del despacho que administraba un asunto pendiente relacionado con la casa.
Y cuando mi padre vio el nombre del remitente, se puso de pie de golpe.
—Mariana —dijo—. Dime que esto no tiene que ver con aquella firma que hicimos hace dos años.
Mi madre se quedó inmóvil.
Yo apreté la carpeta entre las manos.
Porque esa firma era exactamente la parte de la historia que ninguno de los dos le había contado a Esteban.