“Tu hermano viene a vivir aquí con sus dos hijos, así que tú te vas. Ya estuvo bueno de mantener a una parásita.”

No entendía.

—¿Y eso qué tiene que ver conmigo?

—Porque ese terreno fue vendido hace seis meses.

—¿Por cuánto?

Sofía dijo la cifra.

Me quedé sin palabras.

—¿Y dónde está ese dinero?

—Esa es precisamente la pregunta.

Regresé a casa de mis padres acompañada por Sofía.

Esteban ya estaba ahí.

Mi madre lloraba en la sala.

Mi padre parecía diez años mayor.

Sofía colocó el documento sobre la mesa.

—Ricardo, necesitamos saber qué pasó con el dinero de la venta del terreno.

Mi padre miró a mi madre.

Y entonces ocurrió lo último que esperaba.

Ella dijo:

—Yo lo tengo.

Esteban se puso de pie.

—¿Qué?

Mi madre fue hasta su habitación.

Regresó con una carpeta bancaria.

No había millones escondidos en efectivo ni una fortuna secreta.

Había una cuenta de inversión.

Mi padre la miraba como si nunca la hubiera visto.

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