También había movimientos financieros que yo no reconocía.
Un abogado independiente, recomendado por una trabajadora social del hospital, revisó las copias que me entregaron legalmente.
Su conclusión inicial fue clara.
—Hay indicios de que alguien pudo haber utilizado sus datos y una firma cuestionada para intentar realizar operaciones sin su consentimiento. Necesitaremos peritajes y documentación original para determinarlo.
—¿Javier?
—No puedo señalar a nadie sin pruebas suficientes. Pero sí puedo ayudarla a proteger sus bienes y a presentar las impugnaciones correspondientes.
Aquel mismo día descubrí otra cosa.
El dinero obtenido mediante una operación vinculada al terreno no había ido a una cuenta conjunta.
Había terminado en una sociedad mercantil en la que Javier aparecía como administrador.
Y la sociedad compartía domicilio fiscal con una empresa de su hermano, un hombre del que Javier casi nunca hablaba.
La carpeta no demostraba por sí sola toda una conspiración, pero contenía suficientes pistas para que los investigadores empezaran a hacer preguntas.