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Pasaron seis meses.
Salgado Transportes continuó operando. Adrián siguió al frente de sus responsabilidades empresariales, aunque tuvo que dedicar tiempo y recursos a ordenar asuntos que durante años había preferido no revisar conmigo.
Yo alquilé una oficina pequeña y empecé a trabajar en un proyecto propio relacionado con la administración y la logística.
No lo hice para competir con mi exmarido.
Lo hice porque había llegado el momento de utilizar mis conocimientos, mis recursos y mi experiencia para construir algo que dependiera de mis decisiones.
Al principio tuve miedo.
Había pasado tantos años escuchando que no entendía los negocios que, incluso cuando revisaba una propuesta perfectamente razonable, me preguntaba si estaba cometiendo un error.
Pero cada vez que dudaba, recordaba los documentos del sobre.
No porque me garantizaran que siempre tendría razón.
Sino porque me recordaban que podía investigar, aprender, pedir ayuda y tomar decisiones informadas.