Porque, al final, la mayor victoria no fue que mi esposo perdiera su sonrisa.
Fue que yo dejara de necesitarla para saber quién era.
FIN.Mi esposo llegó al divorcio con tres abogados y un contrato para dejarme sin un peso… pero jamás se preguntó por qué guardé el mismo sobre durante doce años (CONTINUACIÓN Y FINAL)
El juez dejó el documento sobre el escritorio y volvió a mirar la cifra que aparecía al final de la primera página.
—¿Ciento veinte millones de pesos? —preguntó, levantando ligeramente las cejas.
En la sala se hizo un silencio absoluto.
Adrián se quedó inmóvil.
—Eso no puede ser correcto —murmuró—. ¿Qué tienen que ver ciento veinte millones con este divorcio?
El juez no respondió inmediatamente. Tomó sus lentes, volvió a colocárselos y continuó leyendo.
Yo permanecí sentada, con las manos juntas sobre mi vieja bolsa de piel.