No nos abrazamos.
No hubo una reconciliación repentina ni una promesa de volver a ser la familia que habíamos sido.
Solo dos personas que, después de doce años de matrimonio, empezaban a comprender que el respeto no podía imponerse con dinero ni recuperarse con una disculpa.
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El acuerdo definitivo tardó varios meses más.
Los abogados revisaron la valoración de los activos, las obligaciones de la empresa, las aportaciones de cada parte y las condiciones de los documentos firmados durante los años anteriores.
El convenio prenupcial fue analizado junto con el resto de las pruebas, en lugar de utilizarse como una respuesta automática a todas las cuestiones patrimoniales.
Finalmente, se alcanzó un acuerdo que fue presentado para su aprobación conforme a los procedimientos correspondientes.
No recibí los ciento ochenta millones de pesos de la empresa, como algunos podrían imaginar al escuchar esta historia.