—Licenciada —dije—, quiero que sepa algo. No voy a firmar nada y no voy a entregar las llaves de esta propiedad.
—Bien. Guarda cualquier mensaje, documento o comprobante relacionado con la operación. No discutas más detalles con él hasta que podamos revisar todo con calma. Si temes por tu seguridad, busca un lugar seguro y pide ayuda.
Ricardo escuchó cada palabra.
Cuando la llamada terminó, se quedó mirándome como si estuviera frente a una mujer completamente desconocida.
Quizá lo estaba.
La Mariana que había confiado ciegamente en él acababa de desaparecer.
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Aquella noche no dormí.
Me encerré en la habitación con Valentina y llamé a una amiga de confianza para contarle lo sucedido. Ella aceptó venir a buscarme si necesitaba salir de la casa.
No quería tomar decisiones precipitadas, pero tampoco iba a ignorar las señales de peligro.
A la mañana siguiente, fui acompañada a revisar los documentos que conservaba de la herencia de mi padre.