No necesitaba gritar más fuerte que Ricardo.
Necesitaba pruebas.
Y ahora las tenía.
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Las semanas siguientes fueron difíciles.
Ricardo empezó a llamar a familiares, amigos y conocidos para contar su propia versión de la historia.
Decía que yo había cambiado después del nacimiento de Valentina, que me había vuelto desconfiada y que estaba destruyendo nuestro matrimonio por dinero.
Algunas personas le creyeron.
Otras prefirieron no intervenir.
Yo dejé de intentar convencer a todo el mundo.
Mi prioridad era mi hija, mi seguridad y la recuperación de la verdad.
Patricia solicitó la documentación registral completa y las comprobaciones necesarias sobre la firma. Daniel entregó los mensajes que conservaba y aceptó colaborar con la investigación.
Poco a poco, fueron apareciendo más piezas.
El abogado que había preparado parte de la documentación declaró que Ricardo le había asegurado que yo había dado mi consentimiento. Sin embargo, también reconoció que no había hablado conmigo personalmente para verificarlo.