—¿Qué es Rivas Consultores? —pregunté.
Patricia consultó sus notas.
—La sociedad fue constituida hace tres años. El nombre que aparece como beneficiario principal es Ricardo Rivas.
Mi esposo había creado una empresa a mis espaldas.
Y aparentemente había utilizado mi casa para financiarla.
—¿Cuánto dinero pensaba obtener?
La abogada me mostró la cifra.
Era una cantidad que jamás habría podido reunir con nuestros ahorros.
Me quedé sin palabras.
Durante los últimos meses, Ricardo me había dicho que atravesábamos dificultades económicas. Había insistido en que debíamos reducir nuestros gastos, que no podíamos permitirnos ciertos medicamentos ni algunas cosas necesarias para Valentina.
Yo había aceptado aquellas explicaciones.
Mientras tanto, él estaba preparando una operación que podía dejarme sin la casa heredada de mi padre.
—¿Y Daniel? —pregunté—. ¿Qué papel desempeña mi hermano?
Patricia tomó una última carpeta.