—¿A qué empresa?
Le di el nombre.
Escuché cómo tecleaba en su computadora.
—Mariana, necesito que me escuches con atención. No autorices ninguna operación. Guarda todos los comprobantes y no confrontes a Ricardo todavía.
—¿Por qué? ¿Conoces esa empresa?
Laura tardó demasiado en responder.
—Mañana revisaremos todo.
—Laura, por favor. No me ocultes nada.
—No te estoy ocultando nada. Pero hay documentos de la sucesión de tu padre que necesito consultar antes de darte una respuesta.
Recordé las palabras de Beatriz.
«Hay una persona en la que usted confía que podría estar trabajando para Ricardo».
Apreté el teléfono.
—¿Tú conocías una carpeta negra que mi padre guardaba en la caja fuerte?
El silencio que siguió me dio más miedo que cualquier respuesta.
—¿Quién te habló de esa carpeta? —preguntó finalmente.
No respondí.
Laura suspiró.
—Mariana, necesito que mañana vengas a mi despacho. Y, por favor, no hables de esto con nadie.